El cáncer colorrectal (CCR) es uno de los tumores más frecuentes, con más de 944.000 casos y 492.000 fallecimientos por causas relacionadas estimados en el año 2000 en todo el mundo. Estudios temporales y en poblaciones migratorias sugieren que el CCR depende en gran medida de factores ambientales, como queda de manifiesto en las grandes variaciones en las frecuencias de aparición observadas entre diferentes países y por los acusados incrementos en el número de casos entre poblaciones que han emigrado desde áreas de baja incidencia a otras de mayor riesgo. Basándose en estos estudios epidemiológicos, se ha estimado que hasta un 70-80% del cáncer colorrectal podría ser atribuido a la acción de factores dietéticos, ambientales y/o relacionados con el estilo de vida . Estas afirmaciones sugieren la importancia de causas potencialmente modificables que en gran medida podrían prevenirse.
DIETA
La dieta es uno de los factores relacionados con el estilo de vida más importantes y que ha sido ampliamente estudiado. El primer informe relevante fue una revisión de los datos disponibles acerca de la relación entre dieta y cáncer publicado por la Academia Nacional de Ciencia de EE.UU. en 1982 . Este informe concluía que la dieta jugaba un papel importante en la génesis del cáncer e incluía una serie de recomendaciones, que en aquellos tiempos se basaban en la reducción de la ingesta total de grasas.
Consumo de grasas y carne
Diversos estudios en los años 70 mostraban una correlación positiva entre la ingesta de grasa y el riesgo de CCR (6,7,15), lo que condicionó que las recomendaciones dietéticas de aquel momento sugirieran reducir el consumo de grasa. El mecanismo propuesto para explicar la posible relación entre una dieta rica en grasas y el cáncer de colon se basa en la asociación entre la ingesta de grasa y la producción de sales biliares. Los ácidos biliares primarios o conjugados son producidos por el hígado para participar en la absorción de lípidos procedentes de la dieta en el intestino delgado. Aunque posteriormente su reabsorción en el íleon terminal es muy eficiente, un pequeño porcentaje, aproximadamente el 1-2%, no es reabsorbido, accediendo al colon, donde son convertidos por la microflora intestinal en ácidos biliares secundarios, que presentan propiedades mutagénicas.
Fibra
La hipótesis de que la fibra (presente fundamentalmente en frutas, verduras y cereales) reduce el riesgo de cáncer de colon ha tenido mucha aceptación desde los años 70, cuando Denis Burkitt observó que nativos africanos que consumían una dieta rica en fibra, presentaban una menor incidencia de CCR (39). Se han propuesto muchos potenciales mecanismos de acción de la fibra (41-44), por ejemplo: a través de la dilución y unión de potenciales carcinógenos, acelerando así su paso a través del colon; disminuyendo la activación de sustancias potencialmente tumorogénicas tras alterar la flora intestinal y modificar el pH; o incluso sirviendo como sustrato para la generación de ácidos grasos de cadena corta (especialmente butirato), que protegerían del desarrollo del cáncer, ya que actúan modulando la expresión génica, inhibiendo el crecimiento de líneas celulares tumorales, induciendo fenómenos de apoptosis y promoviendo la diferenciación celular
Frutas y verduras
El papel de las frutas y verduras en la prevención del desarrollo de tumores colorrectales no está completamente definido, especialmente a la luz de los nuevos datos conocidos recientemente. La mayoría de los estudios previos de tipo casos y controles, mostraban que un consumo elevado se asociaba a un menor riesgo de cáncer de colon (32,54-56). Sin embargo, estudios prospectivos más recientes no refieren un efecto protector (21,26). Tampoco ensayos aleatorizados con administración de frutas y verduras (49) o de antioxidantes (incluyendo vitaminas A, C, y E, que se encuentran en cantidades significativas en frutas y verduras) (57), y que usan la aparición de adenomas colorrectales como elemento de análisis, han encontrado un efecto protector.
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